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Daño Cerebral Adquirido

Se entiende por Daño Cerebral Adquirido (DCA) cualquier lesión cerebral que ocurre después del nacimiento, no relacionada con problemas genéticos ni enfermedades neurodegenerativas, que muestra alteraciones, temporales o permanentes, de carácter físico, psíquico y sensorial. Bajo el paraguas del DCA se engloban patologías como el ictus, traumatismo craneoencefálico (TCE), tumores cerebrales, meningoencefalitis o encefalopatías postanóxicas. Siendo el Ictus y el TCE responsables del 95% de los casos de DCA.

Ictus:
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ictus en los países occidentales presenta una incidencia de 200 casos por cada 100.000 habitantes/año, y representa la primera causa de invalidez en los adultos, dato que no debe sorprendernos, si tenemos en cuenta que la mayoría de los pacientes quedan con secuelas, que en al menos el 50% de los casos inhabilitan para realizar las actividades cotidianas. En España, se estima que unas 450.000 personas presentan discapacidad por ictus, cifra que va en aumento, pues el principal factor de riesgo para padecer un ictus es la edad. La OMS prevé un incremento del 27% en la incidencia del ictus entre los años 2000 y 2025, en relación fundamentalmente con el envejecimiento poblacional.

TCE:
El TCE se presenta en 235 casos x 100.000 habitantes, siendo el 79% de casos leves, un 12% de moderados y un 9% de graves. La distribución de los casos de TCE según el mecanismo responsable de la lesión es bastante desigual entre países, pero las caídas y los accidentes de tráfico son indiscutiblemente los mecanismos más frecuentes, con un 37% y un 40%, respectivamente, en Europa occidental.

Con los datos arriba mencionados, en Canarias cada año se presentan 4.250 casos nuevos de DCA: 4.000 nuevos ictus y 250 TCE nuevos.

El DCA, por su frecuencia, la elevada mortalidad y discapacidad que produce, y el gasto sanitario que origina, condiciona importantes repercusiones a nivel social, económico, sanitario y laboral en los países desarrollados, por lo que la OMS anima a los gobiernos a adoptar medidas específicas para frenar esta afectación.

La mejor estrategia para el tratamiento del DCA es su prevención, en este sentido, el correcto manejo de los factores de riesgo vascular para prevenir el ictus (mantener valores normales de tensión arterial, azúcar y colesterol, cese del consumo de tabaco y alcohol, medidas contra la obesidad y la falta de actividad física), el tratamiento específico de las arritmias cardíacas y el evitar los traumatismos craneoencefálicos y los accidentes de tráfico, son las principales medidas para evitar el DCA.

Los avances en la terapéutica del DCA tienen como ejes fundamentales la atención neurológica precoz, el ingreso urgente en las unidades específicas (UCI o Unidades de Ictus), la aplicación del tratamiento fibrinolítico en el infarto cerebral, y el tratamiento rehabilitador. De todos ellos, el tratamiento rehabilitador es el que presenta una ventana terapéutica más amplia, se puede aplicar en todos los DCA, mejora el pronóstico funcional incluso varios meses después de producido el DCA y reduce los costes asociados a la enfermedad; sin embargo es la parte del proceso de atención al DCA más olvidada, aspecto llamativo si tenemos en cuenta que, tras la fase aguda, la neurorrehabilitación representa a día de hoy la única oportunidad de mejoría para los pacientes que presentan una discapacidad residual tras el DCA.

En los últimos años la neurorrehabilitación ha emergido como una subespecialidad con un potencial de desarrollo extraordinario, importantes aplicaciones clínicas, prometedoras vías de investigación y buenos resultados en cuanto a la recuperación funcional de los pacientes. La neurorrehabilitación es un proceso limitado en el tiempo cuyo objetivo es prevenir complicaciones y reducir los déficits neurológicos a fin de conseguir la máxima capacidad funcional posible, para facilitar la autonomía personal y la reintegración familiar y sociolaboral; Debe iniciarse de forma precoz, coordinada y mantenerse a lo largo de las diferentes fases y ámbitos de la atención sanitaria.

El inicio precoz de la neurorrehabilitación, la intensidad adecuada del tratamiento, la coordinación del tratamiento por un equipo multidisciplinar y la duración óptima del tratamiento, se asocian con una mayor recuperación funcional y una menor mortalidad, tasa de institucionalización y estancia hospitalaria. Es imprescindible por tanto realizar un esfuerzo de planificación para que los pacientes que han sufrido un DCA, además de recibir la mejor atención en fase aguda, puedan beneficiarse de un tratamiento neurorrehabilitador específico que se inicie de forma precoz y se mantenga con la intensidad necesaria y de forma continuada durante el ingreso y posteriormente de forma ambulatoria tras el alta.

 

Dr. Manuel Murie Fernández, médico especialista en neurología.
Director médico de la Unidad de Neurorrehabilitación y Daño Cerebral del Hospital ICOT Ciudad de Telde y Fellowship en neurorrehabilitación por la Universidad de Western Ontario.